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El proyecto de las cartas de Séneca y el estoicismo en Zetatesters continua. En esta ocasión las cartas 3 y 4 a Lucilio las han leído Coke (Jordi López) desde Montevideo y Dani Amo desde Badalona. Ya nos contareis que os parece escuchar nuevas voces encarnando a Seneca.

Carta 3 de Séneca a Lucilio, sobre la amistad.

Saludos amigo Lucilio,

Vamos a ver Lucilio. Le has encargado que me entregue una carta a alguien que llamas“amigo tuyo”. Y me adviertes que no comente con él nada referente a asuntos que te incumban a ti, puesto que tu tampoco sueles  hacer confidencias con el. Así, que a la misma vez, me estas diciendo que esta persona es tu amigo y que no lo es.

En efecto, si utilizaste la palabra “amigo” en un sentido un tanto general, de la misma forma que de diríamos que el candidato a un cargo político es un  “caballero honorable”, o así como cuando saludamos llamando “Señor” a quienquiera cuyo nombre se nos escapa, de acuerdo. Vaya, que tiene un pase.

Pero si realmente consideras como amigo a alguien en quien no confías tanto como en ti mismo, te equivocas rotundamente y es que no conoces suficientemente la fuerza de la verdadera amistad.

Creo que deberías poder hablar sobre cualquier cosa con un amigo. Pero sobretodo debes poder hablar acerca de él mismo. Una vez habéis establecido vuestra amistad, debéis confiar el uno en el otro.

Pero antes de establecer esta amistad, debes juzgarla.

No hagas como los que invierten el orden de las cosas, violando los preceptos de Teofrasto. Que  juzgan después de hacer un amigo, en vez de entablar la amistad una vez se ha evaluado a la persona.

Tomate tu tiempo reflexionando sobre si debes aceptar o no a alguien como tu amigo. Pero cuando así lo decidas, acógelo totalmente en tu seno, dialoga con él con la misma determinación con que lo harías contigo mismo.

En cuanto a ti, vive de tal modo que nada guardes en ti que no pudieras confesar incluso a un enemigo. Pero como pasan cosas que la costumbre establece que permanezcan secretos, comparte al menos  con tu amigo tus inquietudes y pensamientos. Trata a tu amigo como a alguien leal, y harás que sea leal.

Algunos, en cambio, temiendo ser engañados han enseñado a engañar. Y mediante la sospecha, han legitimado que su amigo les traicione.

¿Porqué razón debo contener, aún que sea una sola palabra delante de mi amigo? ¿Porque no debo comportarme ante mí amigo como lo haría en privado?

Algunos cuentan al primero que se cruza en su camino cosas que sólo se podrían confiar a un amigo. Y se desahogán contando lo que les preocupa al primero que les escucha. Otros, por el contrario no confían ni en sus seres más queridos y, si así lo pudieran, no confiarían ni en ellos mismos. En su profunda intimidad todo enclaustran en secreto.

No te aconsejo ni lo uno ni lo otro.  Ambas actitudes son nocivas: confiar en todos, no confiar en nadie. Si bien lo primero es de incautos e ingenuos, mientras que lo segundo es más prudente. Así mismo ambas actitudes son igualmente reprehensibles, tanto aquellos qué están siempre inquietos como aquellos que permanentemente se reposan.

En efecto, el gusto por el tumulto no es actividad, sino agitación de mentes exaltadas. Tampoco es reposo la situación en la que el mínimo movimiento se juzga penoso, sino dislocación y languidez.

Por ello, he aquí lo que leí de Pomponio [2] para grabar en el alma: “algunos se refugiaron en las tinieblas a tal punto, que creen turbio todo aquello que se encuentra en plena luz.”

Ambos estados deben mezclarse: a los pasivos deben actuar, los inquietos deben reposar.

Medita sobre esto y la naturaleza: ella te contará que hizo el día pero también la noche.

Que sigas bien Lucilio.

Carta 4 de Séneca a Lucilio sobre la Muerte.

Saludos Lucilio,

Perservera tal como has empezado, y apresúrate cuanto puedas y así disfrutarás durante más tiempo de un espíritu mejorado y en paz consigo mismo. Sin duda también disfrutaras del proceso de enmendar tus mente y ordenar tus hábitos. Y más adelante obtendrás el placer que se obtiene en la contemplación de la propia mente, una vez la has limpiado de toda mancha hasta el punto que resplandece.

Seguro que recuerdas cuán grande fue tu alegría cuando abandonaste las vestimentas de niño,  vestiste la toga viril  y fuiste conducido al foro.

Pues aún más te espera cuando hayas depuesto el espíritu infantil y la sabiduría haga que te cuentes entre los hombres. Porque cuando llegado el momento en que abandonamos la infancia, todavía queda en nosotros algo más grave: la puerilidad. Y esta condición es muy grave porque tenemos la autoridad de los adultos y todavía tienen los delirios de la adolescencia e incluso de la infancia. Los adolescentes se asustan por nimiedades, los niños se asustan de las sombras. Nosotros nos asustamos de ambas cosas.

Así pues, solo debes seguir avanzando, y asi comprenderás qué hay cosas a las que no debes temer,  precisamente porque nos dan demasiado miedo. No existe ningún mal que sea el mal definitivo. La muerte llega y seria algo que temer si pudiera quedarse contigo. Pero la muerte o bien no va a suceder, o bien  suceder y terminar.

Dices que ”Es difícil influir en el animo hasta el punto de despreciar la vida”. ¿Pero es que no ves acaso cuán frívolas son las causas por las que la vida puede ser desdeñada? Hubo uno que se ahorcó frente a la puerta de su amante, otro saltó desde lo alto de un edificio para no sufrir más las puyas de su amo colérico; y un fugitivo se clavó una espada en las entrañas para evitar volver a ser capturado.

¿No crees que la virtud pueda lograr lo mismo que el exceso de pavor? Nadie puede llevar una vida serena si piensa continuamente en prolongarla y crea que vivir durante el gobierno de muchos cónsules sea una gran bendición.

Medita acerca de esto cada día, hasta que seas capaz de afrontar con entereza la idea de abandonar la vida. Esta vida a la que muchos se aferran obstinadamente como si fueran arrastrados por las aguas de un torrente, aferrándose a espinas y zarzas. La mayoría de los hombres, flotan miserablemente entre el miedo a la muerte y a los tormentos de la vida: no quieren vivir, ni saben morir.

Así, bríndate una vida gozosa eliminando toda inquietud por ella. Ningún bien ayuda a su poseedor a menos que su espíritu esté preparado para perderlo y nada por otra parte es más fácil de abandonar que aquello cuya pérdida no se puede lamentar. Por ello ármate de coraje y fortaleza contra las adversidades que incluso pueden abatirse sobre los más poderosos.

De un pupilo y de un eunuco recibió Pompeyo  su sentencia capital; Craso,  de un cruel e insolente Partiano; Cayo César  ordenó a Lépido  ofrecer su cerviz al tribuno Dexter y él mismo hubo de tendérsela a Querea.  Aquel a quien la fortuna le eleva también le amenaza de quitarle tanto cuanto le brinda. No quieras fiarte de la tranquilidad reinante: en un instante el mar enfurece: el mismo día, allí donde se solazaron, los navíos naufragan.

Piensa que bandidos y enemigos pueden poner la espada en tu garganta y, a pesar de no ser tu dueño  cualquier esclavo puede causar tu muerte.

Mira lo que te digo: quien desprecia su propia vida, es amo y Señor de la tuya. Ten presente esos ejemplos de aquellos que perecieron en querellas domésticas, sea por abierta violencia, sea por insidia. Comprende que la ira de los esclavos ha asesinado menos que la de los reyes. Por esto piensa que ¿Qué importa cuán poderoso sea a quien temes? Cuando justamente aquello que temes !cualquiera lo puede!

Y si por azar cayeras en las manos del enemigo, este te llevará precisamente allí donde ya estás yendo. ¿Para qué engañarte a ti mismo y no comprender de una vez lo que desde hace tiempo padeces? Tal lo digo: desde que naciste, avanzas hacia la muerte. Y nuestra alma debe comprender esto, si queremos esperar plácidamente aquella última hora, cuyo terror a todos los otros inquieta.

Pero para poner un fin a esta carta, recibe lo que pese a ser cosecha de otro jardín – hoy me complació contemplar: “Magna riqueza es la pobreza ordenada por la ley de la naturaleza. ¿Conoces las fronteras que esa ley de la naturaleza determinó para nosotros? No tener hambre, no tener sed, no tener frío. Para alejar el hambre y la sed no es necesario estar a merced de ricos y soberbios, soportar sus cejas fruncidas ni su humanidad desdeñosa, no es necesario provocar los mares ni seguir a los ejércitos: a tu alcance y ya servido está lo que la naturaleza desea.

Sudar por lo superfluo, es eso lo que desgasta la toga, lo que nos obliga a envejecer bajo las tiendas, lo que nos lleva a golpearnos contra litorales ajenos. Al alcance de la mano está lo suficiente. Aquel que con la pobreza bien se lleva, rico es.

Que sigas bien Lucilio.

Texto adaptado por Marc Alier a partir de “Seneca Volume IV Epistles, Volume I Epistles 1-65”, Harvad University Press: Loeb Classical Library 75, Transated by Richard M. Gummere Published January 1917.  ISBN 9780674990845. Fuente que pertenece al dominio público.
http://stoics.com
https://es.wikisource.org/  Traducción del latín y notas por Antonius Djacnov (2009)

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