David Murray - Saxofonista de Jazz

“Carles, tenemos que montar una exposición de fotos de jazz”.

Me lo dijo Salva, un buen amigo y por aquel entonces compañero de piso. En aquella época yo estaba trabajando en Munich.

Cerca del piso en el que vivíamos había una bodega a la que íbamos a cenar de vez en cuando. Salva fue un día a cenar solo y vio que habían cuadros expuestos. Preguntó de quién eran. Fermín, el propietario, contestó que de una clienta habitual y que estaban a la venta. Entonces Salva le dijo:

- “¿Qué te parecería si montamos una exposición de fotos de jazz con un amigo?”.

Fermín accedió y yo me enteré en Munich que a mi vuelta teníamos que empezar con el proyecto fotográfico. Justo en marzo se celebraba el festival de jazz de Terrassa, evento del cual eramos asiduos cada año. La idea era hacer fotos de los músicos durante el festival para hacer la exposición.

Decidimos hacer las fotos en blanco y negro, a pesar de que ya teníamos cámara digital. Yo había heredado un pequeño laboratorio de revelado de mi abuelo Paco. Nos pareció buena idea hacer todo el proceso fotográfico.

Yo llevaba diez años aficionado a la fotografía. Empecé a los dieciocho de forma autodidacta. Tuve varios mentores de los cuales destaco mi abuelo Paco y mi primo Dani. Gracias a ellos aprendí y crecí como aficionado a la fotografía. Pero nunca antes había hecho una exposición fotográfica.

No era la primera vez que hacía fotos de un concierto de música. Pero esta vez era distinto. En el pasado, si un día me daba pereza o me intimidaba tener que tapar momentáneamente a personas del público, no hacía las fotos o las tomaba desde algún sitio con peor perspectiva para no molestar. Pero cuando tenía en mente la exposición de fotos, me veía obligado a buscar los mejores sitios, incluso ocasionando leves molestias al público o luchando por un buen sitio con los fotógrafos profesionales.

Cuando acabó el festival, Salva y yo habíamos gastado diez carretes cada uno. Teníamos más de setecientas fotografías entre los dos. Llevamos a revelar los negativos y pedimos que nos hicieran las hojas de contactos para ver en miniatura todas las fotografías hechas.

Entonces empezamos con la fase de selección. Pedimos consejo a varias personas entendidas en fotografía y eso nos ayudó bastante a elegir con acierto.

No sabría decir cuantas horas me pasé en el laboratorio fotográfico que teníamos montado en una habitación del piso. Fueron muchas. Recuerdo que a veces me quedaba hasta las tantas de la noche escuchando discos de Miles Davis, tomando cerveza bajo la luz roja del laboratorio. Por mucho que lo viera, había un momento qe me parecía siempre mágico: cuando la imagen empezaba a aparecer bajo el líquido revelador.

Laboratorio fotográfico

Foto de agenciabrasilia (CC BY)

Medio año más tarde, teníamos dieciocho fotografías preparadas para exponer, las enmarcamos y las fuimos a colgar a la “Bodega Fermín”. Entonces invitamos por correo electrónico a nuestros amigos y conocidos. El día de la inauguración fue un jueves de noviembre, a las 19.30h.

“En todo el tiempo que llevo trabajando aquí, nunca había visto este sitio tan lleno”.

Fue lo que nos dijo uno de los camareros de la bodega el día que inauguramos. La verdad es que Salva y yo nos sentimos muy orgullosos y nos dimos cuenta de que teníamos nuestro producto acabado y fuimos más conscientes de todo el trabajo que suponía hacer algo así.

Las fotografías estaban a la venta y vendimos algunas. Creo que fue la primera vez en mi vida que vendí algo que había hecho yo. Más tarde llevamos la exposición a otros bares y sitios. Incluso contactaron conmigo para exponer en el festival de jazz de Banyoles.

Pensé días más tarde que me habían hecho falta diez años para hacer mi primer proyecto fotográfico de verdad. Me sentí un poco mal porque la primera vez que lo hacía no había salido de mi, había sido iniciativa de Salva.

***

Ahora tengo la fotografía bastante abandonada pero tengo un muy buen recuerdo de aquella experiencia. Me sirvió para darme cuenta de que un proyecto puede hacerte avanzar y crecer más que los simples aprendizajes.

Evidentemente para que salga bien, tiene que ser un proyecto relacionado con algo que te apasiona. En nuestro caso nos encantaba ir a conciertos de jazz y también hacer fotos. Como dijimos en el primer episodio de zetatesters: hay que disfrutar el viaje.

Otra cosa buena de un proyecto es que te centra en uno o en pocos aspectos. Cuando empecé a hacer fotografías, salía a “cazar fotos”. No tenía ningún objetivo más que “hacer fotos”. En nuestro proyecto fotográfico estaba claro que sólo teníamos que centrarnos en fotografías de músicos de jazz. Esa restricción en realidad es una bendición para probar cosas y no malgastar energía pensando qué hay que hacer.

El hecho de tener un plazo marcado también ayuda mucho. La ley de Parkinson, que descubrí en “La semana laboral de 4 horas” de Tim Ferris, dice que una tarea tiende a gastar todo el tiempo asignado. Si te dan un mes para preparar una presentación, vas a gastarlo. Si te dan tres días para hacer la misma presentación, lo conseguirás igual, simplemente que aprovecharás más el tiempo e irás más estresado.

Los proyectos tienen plazos para conseguir uno o más productos. Nuestro producto era la exposición fotográfica y el plazo el día de la inauguración. No sólo eso, el producto iba a tener una difusión, aunque fuera en una sencilla bodega de barrio. Además, el día de la inauguración vendrían decenas de amigos y conocidos para ver nuestras fotografías. Creo que hay pocos motivadores tan fuertes como saber que tu producto va a ser visto por otras personas. Tu nivel de exigencia se vuelve mayor y todo tiene mucho más sentido. No es un simple ejercicio, no es un simple aprendizaje. Es algo que compartirás con otras personas, muchas de las cuales no llegarás ni a conocer.

Portada de "La estupidez de las organizaciones"Finalmente, un proyecto acabado es un logro. En el libro La Estupidez De Las Organizaciones leí que no hay que confundir hacer con lograr. “Hacer” es coste, “lograr” es beneficio. Tenemos que cambiar la cultura del hacer por una cultura de logros. Que siempre estés ocupado haciendo cosas no comporta que logres cosas significativas. En los proyectos hacemos tareas para lograr hitos significativos que nos motivan a seguir adelante.

Otro ejemplo de proyecto que me motivó mucho fue la publicación de mi primer libro en Amazon. Llevaba años escribiendo y publicando en blogs pero publicar un libro me ha aportado muchas de las cosas que he comentado en este artículo y que no había logrado con anterioridad.

Mi objetivo con esta entrada es que tomes conciencia de los beneficios que aportan los proyectos en nuestras vidas, ya sean profesionales o personales. En el mundo de la educación, hay una tendencia que apuesta por el aprendizaje basado en proyectos que aporta aprendizajes significativos y mucho más motivadores que otros métodos más tradicionales.

Mi reto para ti es que hagas un proyecto con algo de las cosas que más te apasionan. No tienen por qué ser profesionales (o sí, tú mismo). Puedes contarnos tu periplo en somos (arroba) zetatesters.com, en Twitter (@somoszetatesters) o dejando un comentario a esta entrada.


Nota: La imagen inicial es una mis fotos de las que formaban parte de la exposición. El música es David Murray, saxofonista virtuoso que tiene una musicalidad que he visto en pocos artistas.