ZT 04 Ser experto y “El efecto compuesto” de Darren Hardy

Marc Alier y Tomàs Manzanares

Sólo empezar este cuarto episodio, Marc Alier nos cuenta su revelación respecto la misión de zetatesters.

Debatimos si saber algo en algún campo te hace experto. Por ejemplo, ¿si tienes un conocimiento profundo pero no eres un referente, eres un experto? Por otro lado, ¿basta sólo tener amplios conocimientos o es necesario también saber comunicarlos bien?

Citamos de nuevo a Tim Ferriss, un gran referente de zetatesters, para contar algún truco sobre cómo posicionarte como experto.

En la sección Delicatessen hablamos del libro “El efecto compuesto” de Darren Hardy. La idea principal es que las pequeñas acciones que haces de forma consistente acaban produciendo grandes cambios a largo plazo.

Os dejamos los enlaces de afiliados al libro “El efecto compuesto”. Parece ser que en Amazon no está disponible en castellano (o está aun precio excesivamente caro).

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Dani Amo, Marc Alier y Carles Caño siguen con el reto de escribir cada día al menos cinco minutos para consolidar el hábito de escribir. Os animamos a que os suméis al reto de empezar un hábito nuevo, no hace falta que sea el de escribir, y rindáis cuentas en público.

Contadnos qué acción diaria creéis que crearía un efecto compuesto en vuestra vida. Como siempre podéis escribir dejando un comentario en la entrada de este episodio de zetatesters.com, por correo a somos (arroba) zetatesters.com y en Twitter (@zetatesters).

¡Hasta el próximo episodio!

 

Tengo experiencia y conocimiento, ¿soy un experto?

Sergi Perucho Anime

Cada vez que oigo la frase “No tengo nada que ofrecer”, me estremezco. ¿En serio que es posible que nadie tenga nada que ofrecer? En mi humilde opinión, pienso que se creen que no tienen algo que ofrecer. Detrás de esta frase negativa inicial se esconden inseguridades, miedo a hacer el ridículo, miedo al rechazo o sencillamente pensar que a nadie le puedan interesar las propias pasiones o pasatiempos. Vuelvo a estremecerme.

Estoy más que convencido que todos ocultamos algo de valor para otros, aunque podamos sentirnos no correspondidos. Y ello es fruto de la experiencia y el conocimiento previo. Precisamente de esto trata la expertise, de ganar experiencia y conocimiento, sumarlo y conseguir algo único, apreciable y de valor para otros. Pero hay que compartirla.

Puedo poner un sinfín de ejemplos de expertise chorreante por internet, pero solamente pondré uno de ellos y dos vivencias propias.

Un ejemplo de expertise con final feliz que podemos encontrar por internet nos viene de manos de Paul. Él es un creativo que por hobby crea modelos de coches hasta el más mínimo detalle a partir de papel, y además los publica en su blog. El siguiente vídeo muestra su historia y como su expertise llegó a cautivar al equipo de Fórmula Uno de Red Bull hasta tal punto que lo ficharon en el equipo de ingenieros.  

La primera de las vivencias personales de las que quiero hablar trata de la iniciativa de Sergi Perucho, nuestro gran técnico del podcast, que también tiene mucho que ver con la expertise. En el anterior programa y fuera de micros comentaba con Sergi su pasatiempo por las figuras Anime/Manga y videojuegos. Sergi estaba convencido de que su pasatiempo no tenía interés alguno para nadie. Minutos después de conversar e intercambiar algunas ideas, él mismo me comentaba que haría unos vídeos de unboxing de las figuras, que la idea de aportar valor a otros le parecía interesante.

¿Por qué ese cambio tan repentino de opinión? Analicemos. Sergi colecciona este tipo de figuras, pero no es el único que lo hace, existe un mercado en el que una marca las vende y promociona. Lo que no hace la marca es aportar más valor que la figura en sí. El interés que puedan tener por Sergi tampoco vendrá dado por el unboxing. Pero sí que van a valorar su alto conocimiento acerca de las figuras, el trasfondo de las mismas y su experiencia en cómo conseguirlas mediante proxies, buzones fuera del país, subastas, segunda mano… ¡Esto es expertise!

Mi otra vivencia personal tiene que ver con la música, algo que ya parece un clásico entre las entradas de Zetatesters. En su post, Marc me ha dejado buen sabor de boca con sus palabras acerca de sus andaduras por el mundo de la música, el guitarreo (eléctrico) y grupos de rock duro. Oírlo para mí ha sido una oportunidad para retroceder en el tiempo y revivir todo aquello que disfrutamos juntos, e incluso todo lo que gracias a ese segundo grupo de música me permitió disfrutar. Lo siento Marc, tú no fuiste el primero.

Personalmente me considero bajista con corazón de guitarra. Mi primer grupo de música fué un dúo con Coke, el primo de Marc. Coke es guitarrista, ergo alguien tenía que ser el bajista. Así que, dispuesto a probar una nueva experiencia, me compré un bajo (¿dónde estás Willie Brown?) y me lancé a una aventura que me llevó a tocar con 5 grupos de música a la vez y a hacer dinero, que nunca toqué (siempre reinvertíamos en mejoras).

Resulta que como bajista relucía mi forma de hacer slaps y doble-thumbs, técnicas que no todos dominaban en mi nivel amateur. Incluso hacía solos, cosa más rara aún en los bajistas de mi status. No obstante, nunca me dí cuenta que esta habilidad, por cierto trabajada con hábito y mucho sudor, le podía parecer interesante a muchos otros. A mi me costó lo mío llegar a ese nivel personal, pero sarna con gusto no pica. Fué esa experiencia ganada que me hizo ser valorado por tantos grupos.

Caigo en la cuenta que con todas las experiencias anteriores puede que no haya respondido al título de la entrada. Dejadme hacer una última reflexión. En todos los tres ejemplos expuestos los protagonistas pueden o podían aportar algo de valor para aquellos con menos experiencia o conocimiento. ¿Esto les convierte automáticamente en expertos?

Claro está que siempre habrá alguien con más conocimiento, o sencillamente que tenga más peso mediático. Pero para aquellos que podamos ser una referencia, desde mi humilde opinión, seremos expertos. Cada uno que lo cuantifique como quiera.

Moraleja: Busca en ti lo que tienes para ofrecer y no dudes en compartirlo, quizás eres un Paul en potencia. Como bien dice David Baldacci “Los que tienen experticia les gusta compartirla. Eso es de naturaleza humana”. Solamente se trata de olvidarte de tabús y manías, sacarlo a relucir y verás que hay más de uno correspondido.

ZT 03: Small wins y “El poder de los hábitos” de Charles Duhigg

 

zetatesters leyendo "El poder de los hábitos" de Charles Duhigg

¿De qué forma logró Marc Alier tener una auténtica sensación de progreso al practicar guitarra?

¿Cómo logró Carles Caño pasarse el hilo dental cada noche después de años sin conseguirlo? ¿O dejar la bandeja de correo de tres mil a cero mensajes en sólo dos semanas?

De eso trata el episodio número tres de zetatesters. De pequeños logros (small wins) que nos ayudan a mantener la motivación para conseguir nuestros objetivos, algunos grandes y lejanos y otros más pequeños pero que dan pereza. Explicamos el principio del progreso, hablamos de la importancia del feedback, de marcarse objetivos intermedios y de celebrar cada victoria, por pequeña que sea.

En la sección Delicatessen comentamos “El poder de los hábitos” de Charles Duhigg, un libro que explica por qué hacemos lo que hacemos. Somos sacos de hábitos con patas y entender las rutinas que tenemos nos puede ayudar a cambiar, aunque no esperéis recetas milagrosas. Tratamos algunos de los aspectos que nos llamaron más la atención de esta obra:

  • Cuál es el ciclo de un hábito.
  • Cómo podemos modificar un hábito.
  • Qué son los hábitos clave y cómo ayudan a florecer nuevos hábitos.

Podéis leer la reseña del libro “El poder de los hábitos” de Charles Duhigg que ya teníamos escrita en otro blog, por si queréis profundizar un poco más.

También os dejamos enlaces para comprar el libro en Amazon. Somos afiliados y recibiremos una pequeña comisión si lo compráis a través nuestro y no os costará más caro. ¡Gracias!

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En la parte final del programa os lanzamos un reto: empezad un hábito nuevo, por pequeño que sea. También nos comprometemos Dani Amo, Marc Alier y Carles Caño a empezar el hábito de escribir cada día, aunque sean cinco minutos. Podéis leer más en el artículo de Marc Alier: Crear nuevos hábitos: el reto entre escritores. Rindiendo cuentas en público.

Para ayudar a tener un registro de los días en los que habéis hecho vuestro nuevo hábito os recomendamos dos aplicaciones para smartphone:

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Esperamos que os apuntéis al reto y que nos contéis cómo os va. Escribidnos a somos (arroba) zetatesters.com, conversad en Twitter con @zetatesters o dejad un comentario a esta entrada.

Crear nuevos hábitos: el reto entre escritores. Rindiendo cuentas en público.

Tres rinden cuentas en público.

En el programa 03 de Zetatesters podcast, todavía en postproducción (mea culpa), hemos hablado del tema de la importancia de los hábitos en nuestras vidas. Y como aquel que no quiere la cosa Carles, Dani y yo mismo (Marc) nos hemos comprometido a adoptar el hábito de escribir cada puto día.

Escribir – y no cuentan los emails o posts en Facebook – es una actividad importante para los objetivos que nos hemos marcado para nosotros mismos. La vida es dura y se interpone en nuestros objetivos, y pese a que nos gusta escribir no siempre conseguimos reservar el tiempo y la paz mental necesarios,  o evitar la tentación de la procrastinación. 

Así que nos hemos propuesto empezar a escribir cada día. Aunque sean 5 minutos. Pero vamos a ir un poco más allá. Lo hemos convertido en un reto entre nosotros y vamos a rendir cuentas en público.

O sea….

Que vamos a mantener un registro público, en el que cada día vamos a ir marcando en verde o en rojo si hemos mantenido el compromiso de escribir un poco.

¿No somos Zetatesters? Pues a probar cosas.

Vamos a ver cómo funciona la cosa. Será interesante ver cómo evoluciona el reto – Carles dice que lo quiere hacer solo una semana – pero yo espero que esto vaya para muy, MUY, largo. De esta forma podemos ver cómo afecta esto a nuestros objetivos a medio y largo plazo…. que seguramente, tarde o temprano, vamos a compartir con vosotros en mayor o menor medida.

Pero eso, lo escribiré otro día. Hoy ya puedo marcar la casilla verde en nuestro REGISTRO DE CUENTAS PÚBLICO

PS. Si alguno de vosotros quiere unirse al reto, estáis invitados. Escribe un correo a somos (arroba) zetatesters.com con tu nombre y cuenta de google, y te daremos acceso al registro de cuentas en público.

De pequeños logros, el principio del progreso y aprender a tocar la guitarra

Aqui un Ludo con una guitarra construida por el mismo
Nuestro amigo Carles Caño no ha conseguido ser pianista de jazz. Según él dice: en realidad no quiere ser pianista de jazz, sino que le gusta la idea de ser pianista de jazz. Pero lo que no quiere es estar horas practicando escalas, coordinación de manos, estudiando teoría musical etc.  Y ahora es feliz en su decisión de no ser pianista de jazz.
Y bien que hace. Ser pianista de Jazz, como tantas cosas es opcional en la vida.
Mi caso es mas grave. Yo quiero ser un buen guitarrista. Evidentemente !no guitarrista de Jazz! Estando el rock, el metal el funk o el blues… hasta el reggae antes que el Jazz! 🙂
Hace unos 20 años, más o menos al acabar la carrera,  empecé a tocar la guitarra eléctrica. Con tres amigos (entre ellos el zetatester Dani Amo) montamos un grupo de rock duro, en el que yo tocaba la guitarra rítmica y cantaba.
Bueno, de hecho tocaba la guitarra arrítmica y cantaba. O sea, como guitarrista era malo de narices. Y no solo era malo. Era muy lento aprendiendo a tocar.
O eso me parecía. Tanto era a sí que tras dos años el grupo se deshizo y nadie me invitó a formar parte de sus nuevos grupos. No como guitarrista al menos. Como vocalista he hecho mis pinitos con mejores resultados, y si todo va bien el próximo año volveré al escenario en la fiesta de la facultad de informática a cantar para mis alumnos.

Volviendo a la guitarra, pronto me harté de mi profesor y abandoné las lecciones.  Desde entonces estuve unos 14 años haciendo intentos intermitentes intentando sin éxito aprender de tabulados y lecciones gratis por internet.
En retrospectiva ahora sé que mi aprendizaje no era tan lento. Por ejemplo aprendí muy deprisa el cambio de acordes mayores y menores, y los acordes móviles de cejilla. Poco a poco mi sentido del ritmo iba mejorando y era capaz de tocar con un baterista bastante malo – pero no tanto como yo- que se aceleraba cuando se emocionaba.
Pero yo siempre me comparaba con guitarristas profesionales como Knoplfer, Clapton, Blackmore, Guilmour o Bonamassa… O sin ir más lejos mi primo Coke o el mismo Daniel Amo. Mi objetivo por una parte era vago, poco definido. Y no tenia una forma clara de ver mi progreso.
El 2011 un videojuego me hizo retomar el objetivo de aprender a tocar la guitarra.
Rocksmith (y su edición más reciente 2014 bastante mejorada) convierte tu Playstation, Xbox o PC en un amplificador y afinador para tu guitarra eléctrica. No una guitarra de plástico como en Guitar Hero. Cualquier guitarra eléctrica de verdad.
No voy a hacer una review del juego, solo diré Rocksmith es básicamente Guitar Hero pero usando una guitarra de verdad y en la que tu tocas de verdad. Lo que suena es lo que tu tocas.
¿Y porqué un puñetero juego consiguió lo que mi grupo de garaje y un profe no pudieron hacer?
Rocksmith me marca objetivos claros. Aprende a tocar esta canción. Mide mi progreso. Me da puntuaciones. Se cuando lo hago mejor y  en que partes debo mejorar. Me puedo concentrar en esas partes y repetir las veces que quiera. Y se cuando he aprendido una canción. !Hasta me da medallitas y las cuelga en steam!
Con Rocksmith tengo una idea clara del progreso que tengo hacia objetivos claros. Aprender una canción. Superar mi porcentaje de precisión. Etc.
Obviamente solo con un videjuego no aprendes a tocar. Pero a partir de la motivación y los callos que haces en los dedos tras horas y horas de jugar a Rocksmith, ahora sigo cursos online de pago. Estudio las técnicas y la teoría que creo que me hace falta para dominar los estilos que quiero tocar. Me marco objetivos concretos y mido mi progreso yo solo.
Sé que estoy progresando. Casi cada día que practico (que mis hijos me dejan tiempo para ello) tengo pequeños logros o pequeñas victorias. Aprender a tocar es un juego. He gamificado mi aprendizaje.
Estos principios no solo son aplicables a aprender a tocar la guitarra, son aplicables a todo objetivo personal o colectivo. Si podemos identificar pequeños logros – small wins – que nos den una idea de progreso nos vamos a motivar y vamos a lograr nuestros objetivos. O al menos va a ser más difícil que lo dejemos.
Quien sabe, quizás dentro de unos años Carles y yo haremos un duo al piano y la guitarra.